Polonia (I).- Varsovia

VARSOVIA
Abril de 2014

Varsovia, a nuestra llegada, es la lluvia y la primavera en su amplitud de avenidas y plazas, auténtico empedrado  de sus calles solitarias, el río Vístula caudaloso bajo la misma lluvia y corriendo calmado bajo inmensos puentes, y es iglesias que evocan la Semana Santa, catedral en rojo de ladrillo gótico y blanco de cal, aristas multiplicadas, bóvedas de crucería y pilares adornados de banderas coloristas; también es el Castillo Real frente al que se eleva, en la amplia plaza, la monumental columna de veintidós metros de altura sosteniendo la imponente talla del rey Segismundo; y es también la plaza de la ciudad antigua, perfectamente reconstruida en su ambiente y estilo arquitectónico después de su total destrucción a lo largo de la Segunda Guerra Mundial.

Entrar en Polonia por Varsovia es hacerlo por la puerta grande del arte y de la historia. Cuando esta entrada es en un día frío y lluvioso de primavera, es pasear por una ciudad silenciosa y solitaria como si fuera sólo y enteramente toda ella para ti. La cálida sensación de la acogida del Hotel Polonia Palace, de exquisito gusto neoclásico, anticipa una estancia cómoda y grata. El hotel, convertido en escombros, como la mayor parte de la ciudad, durante la Segunda Guerra Mundial, fue total y fielmente reconstruido, por lo que conserva intacto todo su encanto. Desde los balcones de su fachada principal se divisa la espaciosa plaza en medio de la cual se alza el regalo envenenado de los rusos en forma de gigantesca torre, la más alta de toda Varsovia, y visible prácticamente desde todos los puntos de la ciudad, de estilo arquitectónico genuinamente comunista en sus gustos por la dureza en la uniformidad del diseño y la exagerada monumentalidad. Hay que decir que esta controvertida torre, finalmente destinada a Palacio de la Cultura de las Artes y la Ciencia, gana mucho al anochecer cuando se ilumina con colores cambiantes que, desde la vista privilegiada de las habitaciones del Hotel Polonia Palace, se ve rodeada de rascacielos acristalados con la línea curva iluminada que adorna el perfil de la fachada de uno de ellos de arriba abajo.

Visitar una ciudad es andar sus lugares, los que hicieron emblemáticos el arte o la historia y los que son emblemáticos por la vida de sus gentes. En Varsovia hay de todo. Una buena guía turística y un buen olfato e intuición son suficientes para descubrirlos. Y paciencia, tranquilidad y tiempo. Pero, a vuelapluma, ahí van algunos lugares y ecos de la ciudad que evocan nombres como Nicolás Copérnico, Chopin, Madame Curie, Josep Conrard, el cineasta Polanski o el poeta nacional Adam Mickiewicz. Imprescindible la presencia del río Vístula y sus puentes atravesados por peatones, ciclistas, autobuses, trenes y tranvías, algunos diseñados con dos alturas superpuestas. Recorrer la calle Marszalkowaki para atravesar la plaza de la Constitución, de grandes edificios bien trazados y de influencia arquitectónica soviética, respetando las alturas y creando espacios amplios, austeros y monumentales a la vez; llegar al Parque Real de Lazienki –uno de las más de ocho grandes parques de Varsovia-, con su lago, el teatro de la isla y el mismo palacio de la isla, el Museo Lazeabowski y el Jardín Botánico; pasear por la Royal Route o Ruta Real con sus embajadas y la sede del Parlamento polaco, o dejarse entrar en el centro histórico y monumental de la ciudad vieja, son placeres estéticos al alcance del viajero.

La ciudad vieja, hoy Patrimonio Cultural de la UNESCO, fue destruída en un 90% en los años 40 durante la Segunda gran Guerra Mundial. Fue reconstruida con una fidelidad tal, que nadie podría suponer que su antigüedad se remonte a los años cincuenta del pasado siglo XX. La calle Krakowskie, elegante y animada, nos acerca a la espaciosa plaza del Castillo Real, también totalmente reconstruido y adornado con el característico ladrillo rojo y, en la misma plaza, la ya mencionada columna de Segismundo.

Otros muchos rincones y barrios te esperan, algunos para volver a ellos en segunda o tercera visita buscando la animación de sus mercados, la buena mesa de sus restaurantes o la contemplación de la historia hecha arquitectura, ruinas, museos o nombres. Un recorrido por el barrio del antiguo gueto judío es la oportunidad de ver restos de edificaciones, monumentos conmemorativos o el magnífico diseño del Museo de la Historía de los judíos polacos. También, sobre todo para los aficionados al balompié, el fútbol todopoderoso, puede resultar de interés atravesar el Vístula y visitar el magnífico Estadio Nacional, construido en su momento por los rusos, abandonado durante muchos años , y hoy renovado en su totalidad.

Pero el mucho caminar también abre el apetito e invita al reposo para digerir tantas emociones e imágenes; tantas, que la cámara de fotos apena deja de funcionar descubriendo a cada paso un motivo lo suficientemente interesante como para ser atrapado en la memoria.

El momento de la comida es una buena ocasión para ver las fotos recién tomadas e intercambiar impresiones. Hay muchos restaurantes y, con seguridad, todos ellos pueden ofrecer buenos servicios como el de Don Literatury (Casa de la Literatura), frente al Castillo Real y centro de operaciones del Pencua polaco o Asociación de escritores. Platos como la golonka (patas de cerdo), el entrecot de ternera, el pato, sopas como la grochówoka (con salchicha) o bigos, carne con setas acompañada de wielki placek; el ziemniaczany gulaszem wegierskin que, traducido a la pata la llana, viene a decir algo así como torta con guláhs húngaro. Tampoco hay que ignorar otro plato nacional, el pierogi z pieca o pierogi rukie z okrasa. Los pierogis son pequeñas empanadillas rellenas de requesón o queso blanco, tostadas o sin tostar.

Pero, por ir terminando, si te has tomado ya el café y el chupito de vodka, no resistirás o no debieras resistirte a la tentación de probar los helados, que los hay de todas las clases y que son una verdadera pasión entre los polacos.

Con el sabor de la cocina y el gusto en el paladar de los buenos helados de Varsovia dejaremos la ciudad y tomaremos el tren hacia Torun, lo que ya será otro capítulo de esta primavera polaca.

Nota.- En estas fechas los polacos tienen como moneda el zloti que pronuncia swoti. Un euro se cambia a cuatro zloties. Los precios en la comida, en este momento, son en un restaurante entre el 40 y el 50% menos que en España, entre establecimientos de la misma categoría.

Julio González Alonso

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***PARA  VER:  MÁS FOTOS DE VARSOVIA

 

 

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