Tucumán, la lucha por la dignidad (Argentina)

Tucumán, la lucha por la dignidad (3 y 4 de octubre de 2013)

Al norte de la ciudad de San Miguel de Tucumán se extiende, en medio de la dura sequedad, la planicie verde, prometedora y abundante de cultivos. Crece la caña de azúcar por doquier. Las extensiones cultivadas de limoneros se pierden en el horizonte hasta la sierra. Se siembran patatas, se cultivan arándanos y las frutillas o fresas se producen en cantidades casi increíbles. A la salida de la ciudad se ubican las industrias cerveceras y de bebidas gaseosas. Hay riqueza. El paisaje es bello y amable. Cerca, una estancia jesuítica precariamente mantenida inspira respeto en la nobleza de los muros del claustro que se mantienen en pie en torno al viejo aljibe y en el aire de su iglesia. Luego se iniciará el ascenso a las cumbres en curvas y contracurvas por las montañas boscosas, de intensa vegetación. Una ascensión jalonada de especies autóctonas y bellos y sugerentes colores apuntando a la primavera.

Pero atrás queda la ciudad de Tucumán, y muy próximo a su corazón comercial, su centro de catedral, iglesias, estancias y museos, se extiende la otra realidad de la ciudad, de la provincia y de gran parte de esta inmensa Argentina. Es la pobreza. Es el hambre. Y es la lucha heroica y sin cuartel de los protagonistas involuntarios de su suerte la que se convierte en grito de denuncia y de esperanza.

Los barrios que abrazan la ciudad lo hacen con sus brazos de suburbio. Es el mismo destino de los barrios periféricos de otras muchas grandes ciudades del mundo al que fueron condenados por un sistema económico y social que provoca semejantes injusticiasy desigualdades. Detrás de todo ello la larga sombra de la corrupción. Cada peso robado es un tiro de hambre y de miseria que debe recaer sobre la conciencia de los responsables.

Visitar los hogares atendidos por la organización Crecer Juntos, encontrar la mirada de los niños, el esfuerzo y dedicación, la seriedad y el compromiso de las madres y padres de estos niños peleando para paliar el hambre, promover la educación y la cultura, es entrar en otro mundo que parece imposible, tocar la solidaridad, volver a imaginar y creer que es posible transformar la realidad.

Podría extenderme en palabras sobre el valor de la acción de los protagonistas de Crecer Juntos, pero me temo quedar corto y no quiero caer en tópicos fáciles y moralistas sobre el verdadero sentido de la revolución en nuestro mundo desnortado. Tampoco quiero silenciar que necesitan ayuda para que su lucha prospere, y creo que si ellos logran emanciparse, todos saldremos ganando con su ejemplo y recuperaremos la dignidad perdida, una dignidad a la que nunca renunciaron en los barrios de Tucumán. Dicho de otro modo, o nos salvamos con Tucumán y todos los tucumanes del mundo, o pereceremos inexorablemente con ellos. No hay alternativa.

González Alonso

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