Turquía en el recuerdo (IV) De Capadocia a Aspendos y Antalya

TURQUÍA
Marzo de 2008

Por la Ruta de la Seda hasta Aspendos y Antalya

Soplaba el viento con fuerza en Capadocia y resultó imposible vivir la experiencia de volar en globo al amanecer. Iniciamos el viaje hacia Antalya a través de unos largos 600 kilómetros atravesando la ciudad de Konya y los montes Taurus que, al noroeste, atravesará el río Eúfrates. El día es complicado por el viento cargado de arena que azota sobre la extensa llanura y barre la carretera, dificultando la visibilidad. Un accidente grave de un autobús y un turismo delante de nosotros con dos muertos. Y nieva en el paso de los montes Taurus a 1.825 metros de altura. Casi doce horas de de un viaje que resultó complicado y cansado por la arena, el viento, la lluvia y la nieve, con la peor parte del accidente mencionado. En medio de todo ello, la visita al Caravasar de el Sultanhari, lo que sería una posada de reposo para las caravanas que hacían la Ruta de la Seda.

Una vez llegados al hotel Dedeman, en la bahía de Antalya, es la hora de relajarse y tomar un gratificante baño.

Aspendos, a unos 50 kilómetros de Antalya, nos espera al día siguiente con la sorpresa y el regalo de sus restos arqueológicos. En la ciudad romana sobresalen el acueducto –con una longitud de 850 metros y su altura original, y el teatro con capacidad para unas 15.000 personas, tal vez, según dicen, el mejor conservado de toda Asia Menor. La verdad es que la acústica resulta perfecta y sus graderíos y escenario se alzan con sobria majestad. Esta imponente obra arquitectónica estaba dedicada a las divinidades romanas y a la familia imperial. El acueducto aseguraba, a su vez, un abastecimiento suficiente y seguro a la ciudad de Aspendos.

Tras la comida y visita previa a una tienda de pieles, podemos dedicar la tarde a recorrer a pie la ciudad de Antalya y admirar monumentos como el arco de Adriano, para acercarnos a las llamadas Cascadas de Duden, lugar de la bahía por donde desemboca el río saltando las aguas las rocas del acantilado. La ciudad conserva su viejo barrio de pescadores tejido de callejuelas empinadas en el que admirar un vistoso minarete del siglo XIII recubierto de azulejos. La ciudad moderna resulta acogedora y agradable, bien poblada de palmeras. Con tiempo, vale la pena visitar el Museo Arqueológico y Etnográfico de Antalya en el que, entre los numerosos objetos y piezas de gran valor que contiene, encontraremos una bella estatua de Afrodita.

Y luego la vuelta, las despedidas, las fotos y las notas para el recuerdo.

González Alonso
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