Olula del Río

Olula del Río, pueblo almeriense con historia y cultura

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Llegar a Olula del Río desde Bédar, pasando por Lubrín y atravesando los Filabres por su parte oriental no deja de ser una sorprendente experiencia. Valles, cumbres, cultivos, canteras de mármol, se suceden al paso de localidades de interés como Zurgena, más allá de la Rambla del Aljibe y el paso por la sierra Lisbona. Después seguiremos hasta Albox y más allá alcanzaremos Olula. Lugares más que atractivos para hacer el paseo agradable con la luz temprana de la mañana cuando los colores cobran vida.

La población almeriense de Olula del Río, de nombre discutido y confuso en sus orígenes, ya aparece documentada en el siglo XIV; pero la huella del paso del hombre por estas tierras fértiles en frutales, parras y olivos, se remonta a los tiempos prehistóricos del Neolítico y la Edad del Cobre. Ahora forman parte de la comarca del río Almanzora y su economía se asienta, sobre todo, en la artesanía y la industria del mármol con las explotaciones de las canteras de Macael.

Además de la gastronomía, de Olula os llamarán la atención, al menos, tres cosas:

1.- La vida del pueblo y sus iglesias emblemáticas; la de San Sebastián, con planta de cruz griega rematada por una cúpula neoclásica de Ventura Rodríguez, y la de la Asunción, en mármol.

2.- Las esculturas gigantescas en mármol, como la que corresponde al que será, sin duda, el mortero más grande del mundo y la titulada Mujer del Almanzora, de Antonio López, ubicada en la explanada de los museos Casa Ibáñez y Pérez Siquier.

3.-Los museos. El de Casa Ibáñez, inaugurado oficialmente en 2004, recoge la obra del artista Andrés García Ibáñez (Olula, 1971); su pintura, de un fuerte contenido crítico, irónico e incluso sarcástico, sorprende por la riqueza expresiva con que trata la psicología de los personajes y los motivos representados. Hay quien lo define como realismo figurativo. Yo veo en su obra una mirada inteligente sobre el mundo y un dominio del color y la forma que le permiten ser muy versátil y provocadoramente creativo. Sus cuadros no nos dejan indiferentes y captamos enseguida su mensaje. En su pintura no pretende ocultar sus influencias, sino que nos las muestra con naturalidad en un claro homenaje y reconocimiento a Velázquez, Goya, Ginés Parra, Sorolla o Pablo Picasso, entre otros. Y va más allá cuando a la pintura la dota del arte de la música y un coro de cantantes desnudos interpretan a Beethoven con la letra del Canto a la Alegría, de Schiller.

El museo recoge, además de la obra de Andrés García Ibáñez, la de un nutrido grupo de artistas actuales en su mayoría que nos ofrecen un hermoso friso contemplativo y reflexivo. Es un museo, por decirlo de alguna manera, que no cansa y que invita a visitarlo de nuevo.

El museo aledaño, el Centro de Fotografía Pérez Siquier, tiene la entidad suficiente como para no ser considerado un mero apéndice del de Casa Ibáñez. La colección de fotografías expuestas constituye todo un alegato de la vida cotidiana, la sorpresa, las contradicciones y la belleza que atesora la humildad en su pobreza, la dignidad de mantener limpias y barridas las calles sin aceras, las preguntas de las miradas de los niños y adolescentes, el trabajo de la mujer, el progresismo huero, la rabia y la ternura. Otra voz que reclamará nuestra vuelta a esta colección de imágenes testimonio de un tiempo y un espacio habitado por el hombre.

González Alonso
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OTRAS IMÁGENES: OLULA DEL RÍO Y SUS MUSEOS

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