Laujar de Andarax (Almería)

Laujar de Andarax (Almería)
2020

El pueblo del escritor modernista Francisco Villaespesa Martín (1877/1936), con placa, calle y lugar en el museo del Centro Cultural Hispano-Filipino donde se conserva su despacho original, residencia del rey Boabdil cuando se retiró a su alcazaba una vez perdida Granada y destino de otros personajes ilustres, se recoge con su caserío mudéjar  a los pies de Sierra Nevada y frente a la Sierra de Gádor.

La ocupación del territorio data del Neolítico y está documentada en las edades del Bronce y del Cobre; por estas tierras altas pasaron romanos y musulmanes, y cada cual fue dejando su impronta y señas de identidad.

Llegar a Laujar desde la ciudad de Almería por el valle que recorre el río Andarax y a través de pueblos como Illar, Rágol, Canjáyar, Padules o Almócita y sus extensos cultivos de olivares, es una recreación constante en la Naturaleza y sus fuertes contrastes, el verde de las huertas y el valle y la dureza del desierto y las cumbres de agreste belleza que lo rodean. Pero, con todo, en unas tierras endurecidas por todos los soles y colores admira la bondad del agua en su abundancia y buen aprovechamiento para fecundar la tierra y hacerla tan productiva en sus huertas y cultivos.

El agua corre en Laujar por las calles del pueblo desde sus fuentes de soberbio estilo barroco y sus caños en numerosas esquinas y plazoletas, con la alegría cristalina de su rumor fresco y apacible. Pasear el pueblo apegado a la ladera del monte por sus calles encuesta, sus recovecos y vueltas, dejando a un lado y otro, aquí y allá, conjuntos monumentales en los que el barroco y el mudéjar se funden en una armonía perfecta, es pasear aires altos de historia y vida cotidiana al mismo tiempo. El caminante, tranquilo, no dejará de admirar la solidez de la iglesia parroquial o la ermita de Nuestra Señora de la Salud, del siglo XVII, el convento de San Pascual Bailón, los restos de la alcazaba y de las murallas, sin perder la ocasión de extender la vista al fértil valle que se abre a los pies del pueblo.

El Ayuntamiento se eleva frente a una plaza y el mirador situado a un lado de la misma tras la carretera que la atraviesa. Se trata de un edificio neoclásico con una fachada de tres alturas, en ladrillo y ordenada en pilastras con tres grandes arcos de medio punto en cada altura, rematado por un frontón y un reloj carillón. Su aspecto nos transmite la monumentalidad del ladrillo bien trabajado y una belleza austera y clásica.

Pero Laujar es el pueblo y su entorno próximo; en él podemos encontrar a poca distancia el nacimiento del río Andarax, que da sobrenombre al lugar, que hace correr sus aguas en el Cerro del Almirez, brotando con abundante caudal y conformando un espacio amplio bien arbolado donde podemos encontrar dos establecimientos hoteleros y de restauración, con zonas de merendero y asueto, como el famoso Mesón de La Fabriquilla y El Nacimiento Laujar. El frescor del entorno, el agua y el paisaje, invitan al paseo y a la buena comida.

Hablando de comida, se puede decir que Laujar, en los establecimientos precitados como en los demás, nos ofrece un atractivo y variado conjunto de platillos típicos, de fuerte influencia morisca y de sabores variados que nacen de los productos tradicionales de las tierras del entorno. Resulta inútil detenerse en lo que el viajero atento y curiosos va a descubrir por sí mismo; pero podemos citar algunos de estos platos de influencia árabe a los que se les ha agregado el cerdo, platos comunes –como es natural- a muchas de las comarcas que conforman el territorio almeriense. A los platos no les puede faltar la seña de identidad de los vinos, hoy día de esmerada elaboración y justa fama. Entre otras elaboraciones, citemos las migas, el guiso de garbanzos  y bacalao al choto cabañil, las gachas, las tarbinas, el cocido de correas y el tradicional ajillo cabañil. Pero la repostería no se queda atrás con sus mantecados, soplillos de almendra o los roscos de vino.

Hoy día, Laujar de Andarax resulta el destino ideal para una escapada a la Naturaleza y practicar el senderismo, pero también nos regala espacios culturales, gastronómicos y artesanales para que nuestra estancia resulte ser, en todo, grata. El pueblo y sus mil ochocientos habitantes largos está preparado para la acogida amiga; gentes hospitalarias y orgullosas de su tierra que han sabido desarrollar la hostelería, el turismo y poner en marcha empresas distintas como la construcción o la carpintería, dotando a la localidad de todos los servicios básicos. Un destino más de esta Almería sorprendente y mágica.

González Alonso

PARA VER MÁS FOTOGRAFÍAS:  LAUJAR DE ANDARAX

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