IRÚS, el Camino Real de las Enderrozas

IRÚS, el Camino Real de las Enderrozas (Burgos – Castilla y León)
2020

Abandonamos la carretera a la derecha; un camino desciende y al lado se abre un pequeño rincón sombreado, con fuente y mesa, a modo de merendero. Empiezas a entrar en Irús. El caserío se agrupa más adelante en casonas solariegas de piedra y tejados rojos con sus huertos. Nada hace sospechar la casi inexistente población del lugar con solamente siete habitantes, cuatro hombres y tres mujeres. Y, sin embargo, los inmuebles se ven bien conservados y mantienen con su altura regular de dos o tres plantas, un aspecto de robusta tradición en los escudos de hidalguía y los motivos heráldicos del linaje de los Vivanco Angulo.

Hoy, el solar de Irús, junto a su maciza y pétrea iglesia fortificada, de recios muros y sólidos sillares, tiene abiertas algunas casas rurales. Y es que el lugar resulta idóneo para esas escapadas de fin de semana o para estancias más largas que permitan la práctica del senderismo por el entorno del Valle de Mena donde se encuentra enclavado Irús.

Llegando a la pequeña plaza de la iglesia y el cementerio aledaño a través de una larga y estrecha calle bien protegida por las casas y los elevados muros de piedra de algunas huertas, encontraremos la indicación de la ruta del Camino Real de las Enderrozas. Y vale la pena recalcar su calidad de camino real para despejar las dudas y la confusión que todavía persiste considerándolo una calzada romana Un panel informativo al inicio del camino aclara la cuestión a la luz del resultado de los estudios realizados sobre este camino, tanto documentales como arqueológicos, para concluir que estamos pisando lo que fue una importante calzada medieval que transcurría entre Berceo y Villasana de Mena con el tramo comprendido aquí, siguiendo la margen izquierda del río Hijuela entre Irús y el poblado de Arceo. Este camino de herradura, de superficie empedrada, fue utilizado para el transporte de mercancías entre Castilla y los puertos del Cantábrico por los arrieros que acarreaban trigo, lana, cebada, hierro y pescados frescos o salados con sus recuas de mulas.

FOTO_Burgos_cascadas_16042014_-Irus-IUna vez te adentras por el Camino Real de las Enderrozas, dejando a la izquierda y a tus espaldas la iglesia de San Millán, el camino se va sombreando con la frondosidad del bosque de ribera que lo rodea. Descendiendo suavemente nos acercaremos a la orilla del río Hijuela será fácil acceder al mismo en distintos tramos de su curso. El lugar no deja de sorprender y agradar, tanto por su amenidad como por la sensación de la reconfortante paz que se respira. El espectáculo del agua, en lo apacible de sus pozas o el alegre y ruidoso juego de sus cascadas, será diferente según la estación del año; el estío reduce su caudal y el agua se aquieta y amansa en su descenso, pero en el otoño e invierno, se recrece y alborota saltando los desniveles rocosos en un entorno boscoso y umbrío que deja abrir algunos claros luminosos.

P1210416Abandonando ya la estrechez del cauce del río, el camino se abre a un valle amplio de pradería extensa  bien trabajada para la ganadería. Más adelante, en una casi imperceptible ascensión, llegamos a Arceo. Unas pocas casas y haciendas, junto a su iglesia de recia factura y torreón adosado, se asientan en la suave ladera abierta al valle en una amplia vista. Una vez pasado el pueblo tomaremos un sendero abierto a mano izquierda e iniciaremos la subida, más rigurosa y empinada, al monte hasta alcanzar su crestería y siguiéndola en dirección contraria a la traída hasta Arceo acabaremos llegando de nuevo a Irús, que aparecerá al fondo, visto desde lo alto de la sierra.

P1210409El recorrido es variado en la composición del paisaje y las vistas que se nos regalan. Sorprenden en su tramo final y comenzando el descenso buscando Irús, las enormes losas del suelo que forman superficies extensas e inclinadas y que pareciera, por la regularidad de sus dimensiones y sus lados, que fuera el resultado de la acción humana. Pero no es tal. La naturaleza y la acción geológica nos presta esta disposición sorprendente de las rocas lisas y regulares engarzadas como mosaicos gigantes, repitiéndose el mismo fenómeno a lo largo del camino y asentándose como un gran plano inclinado sobre la entrada a Irús y su caserío.

Después del paseo, sin muchas ganas de despedirse de la tranquilidad del entorno, vale la pena tomar un pequeño refrigerio o comer en cualquier rincón del pueblo, si el paseo ha sido de buena mañana. Y, en todo caso, siempre quedarán las ganas de volver.

González Alonso

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PARA VER:  MÁS IMÁGENES DE IRÚS Y EL CAMINO DE LAS ENDERROZAS

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