MENORCA: MAHÓN Y SU PUERTO NATURAL

Menorca 2022.- Mahón

01Desde la parte más alta de Mahón, al lado de la estación de autobuses, los antiguos cuarteles dominan la ciudad y el puerto. Una amplia y despejada plaza llamada de La Explanada se abre a sus pies y por la calle central de Las Moreras se inicia un suave descenso hacia el puerto.

Puede presumir Mahón de tener uno de los puertos naturales más grandes del mundo con sus largos seis kilómetros hacia el interior bien protegidos y flanqueados por sus orillas acantiladas o dominadas por lomas sobre las que se alzan posiciones defensivas. Un puerto, en definitiva, bien aprovechado y ambicionado por distintas potencias extranjeras a lo largo de su historia. Antes de llegar a los diques y embarcaderos, en el descenso, nos llamará la atención la influencia inglesa en la arquitectura de algunos edificios y sus balconadas; nos fijaremos en el teatro de la ciudad02 que, si bien no llama la atención por el exterior de su fachada, sí puede presumir de antigüedad y repertorio operístico; más abajo, la plaza del Ayuntamiento o de la Constitución y, siguiendo el recorrido descendente girando a la izquierda hasta el Puente de Sant Roc con el arco monumental que abría paso a la ciudad amurallada daremos con la soberbia iglesia de Santa María de Mahón que nos facilita el paso a través de su interior a una plaza presidida por la estatua del rey Alfonso III desde la que ya podemos dar vista al puerto.

Descendiendo un poco y dejando a la izquierda la bajada al puerto tomaremos una ligera cuesta para situarnos en la Plaza de España a las puertas del antiguo Mercado del Pescado con la Plaza del Mercado del Claustro un poco más arriba a escasos cien metros, ubicado –como su nombre indica- en el antiguo claustro porticado de un monasterio colindante con la iglesia del Carmen. Encontramos en su interior una variada exposición de puestos de fruta, comercios y cafés que hacen del lugar un espacio agradable y pintoresco. 03En la plazoleta que da acceso al mencionado mercado destacan un par de esculturas en bronce alegóricas de la tradición cultural de la isla; una de ellas evoca la fiesta menorquina de los caballos que, en medio de la multitud, son capaces de conducirlos con pericia haciendo cabriolas y alzándose de patas sin daño para la gente. La otra, de carácter más abstracto, podemos reconocer la figura del fabioler o flautista con su tamboril, una obra de la escultora madrileña Nuria Román. Este personaje será el que abra con su música el desfile de caballos en las fiestas.

Recordando tradiciones, hay una particularmente singular que me llamó la atención. En el pórtico del Ayuntamiento al que se accede por una escalinata, se encuentra la representación gigantesca del personaje de la Abuela Cuaresma. Esta imagen, vestida al uso tradicional, presenta la singularidad de poseer siete piernas que visten medias de diferentes colores. La suelen representar llevando un bacalao en una mano y en la otra un quaresma_0cesto don verduras u otros objetos. En el caso de esta figura lleva una aceitera de metal. Es procesionada cada sábado de Cuaresma por cada uno de los diferentes barrios de la ciudad acompañada de canciones, bailes y juegos infantiles, y en cada procesión pierde una pierna, de manera que la Cuaresma concluirá cuando, perdidas todas sus piernas, ya no pueda salir a caminar. Una forma curiosa de animar los que, antaño, eran días de aburrida monotonía religiosa.

Muy cerca de la Plaza del Mercado y la iglesia del Carmen, callejeando y admirando el acabado de las fachadas y balcones de las casas nobles conservadas, se encuentra el inmueble de Can’Oliver, un palacio del siglo XVIII, exponente de la pujante burguesía de la ciudad, bien conservado y recuperado su interior para museo acoge la Colección Hernández Sanz-Hernández Mora, que nos da bastante información sobre la historia de la05 isla y la importancia del puerto con datos sobre la ocupación británica, los oficios isleños, indumentaria de la época y cartografía menorquina. Destaca la escalera doble de mármol y pasamanos de forja con los murales de las paredes en los que podemos admirar distintos motivos bucólicos y de la naturaleza.

Y, evidentemente, otro de los platos fuertes de Mahón es su magnífico puerto que puede ser recorrido en barco. Aparte de su impresionante longitud de 6 kilómetros y su anchura, cabe destacar las obras civiles y militares realizadas en el mismo que jalonan diferentes etapas históricas en las que fueron abordadas. Se guarda memoria del saqueo de Barbarroja en 1535, pirata turco a las órdenes de Solimán II, después de engañar a los defensores de la ciudad enarbolando enseñas reales del emperador Carlos V. Sorprendidos por el engaño se encierran en la ciudad y piden auxilio a Ciudadela; las tropas enviadas son aniquiladas por los turcos y un grupo de nobles influyentes de Mahón tratan de negociar la rendición y sus condiciones que Barbarroja aceptará sin respetarlas luego y provocando una masacre con el expolio de la ciudad.

Aparte del luctuoso lance de Barbarroja, ingleses y franceses también ocuparon temporalmente Mahón y la isla de Menorca, y el puerto conserva la huella de todo ello.

06El paseo en barco te permite disfrutar de las vistas y conocer el valor estratégico del puerto. Destacaremos, someramente, algunos aspectos como el Lazareto de la antigua península de San Felipe, convertida en isla tras la construcción de un canal. Como su nombre indica, el reducto servía de cuarentena para los navegantes que arribaban al puerto con algún tipo de enfermedad contagiosa; también destaca la isla llamada del Rey, en recuerdo de Alfonso III, conquistador de Menorca; la fortaleza de La Mola mandada construir por Isabel II; las construcciones y casas de verano de sus orillas en las distintas calas como Rata, Deslinde, Cala Larga, etc.; los acantilados de 30 metros sobre los que se alza Mahón o El Castell con Cales Fons, pequeño puerto de aire marinero y de pescadores con sus casas típicas y un ambiente especial que recuerda bastante a la época gloriosa de los hippies.

Ni que decir tiene la importancia de la gastronomía menorquina, sus quesos de sabor tan peculiar debido a la suave salinidad de los pastos, sus sobrasadas, guisos y la variedad de pescados frescos mediterráneos y sus calderetas de langosta, los arroces, el sabor humilde de la Oliaigua (Aceite y agua) que se ha ido convirtiendo en una sopa muy parecida al gazpacho, el perol menorquín a base de un guiso patatas con tomate, ajo y perejil al que se le puede añadir carne o pescado y, por supuesto, los postres en los que la ensaimada siempre triunfará.

Acabar la visita al puerto y la ciudad de Mahón ante una buena mesa bien servida y regada con un vino tradicional menorquín es un privilegio y un placer, tentación de las buenas en las que caer… y repetir.

González Alonso

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5 comentarios en “MENORCA: MAHÓN Y SU PUERTO NATURAL

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