SANTORINI: FIRA a mediados de septiembre de 2019

SANTORINI
A mediados de septiembre de 2019

Es la segunda visita a la isla de las famosas puestas de sol, los yacimientos arqueológicos de Acrotiria, la ciudad sepultada por las cenizas de la que resultó ser una apocalíptica erupción que arrasó la isla y dio paso a la impresionante hondura del cráter volcánico inundado por el mar y,  colgadas de las paredes del cráter, nos asombran las construcciones y casas de Fira y Oia.

En esta ocasión la llegada fue por mar. El barco echó el ancla en mitad del círculo de agua del cráter y la llegada a tierra fue en una barcaza. Renunciamos al viaje hasta Oia para aprovechar las pocas horas de desembarco en volver a pisar las calles y las cuestas de Fira, acercarnos a las vistas desde lo alto de los acantilados y pasear. Sigue leyendo

Heraclion y Cnosos (Grecia, 2019)

HERACLION y CNOSOS
A mediados de septiembre de 2019

HERACLION

Capital de Creta. Hasta el s. XX era conocida como Candía. Por ella pasaron los árabes provenientes de Andalucía, los otomanos y los venecianos, y en cada época de conquista dejaron su impronta y su nombre fue cambiando hasta el actual de Heraclion o “ciudad de Heracles”.

Destacan en Heraclion su puerto, sus murallas y, por supuesto, el Museo Arqueológico de la ciudad con sus colecciones del arte minoico cretense. Pero la ciudad, en sí, no ofrece un encanto especial. Desde la amplia explanada con la vista abierta al puerto y el mar, en la que se conmemora con una solitaria estatua al político griego Eleftherios Kyriaksu Venizelos, nos adentramos en el centro histórico a través de una calle no demasiado larga que desemboca en una nueva plaza en cuyo centro se levanta una fuente sostenida por leones. A un lado y otro, entre construcciones convencionales, podemos ver algunas iglesias y edificios públicos. Un breve paseo te lleva de estos al mercado en el otro extremo, el clásico mercado griego de cualquiera de las ciudades griegas, con todo tipo de productos y la parte dominada por los aromas mezclados y coloristas de las especias. Sigue leyendo

Rodas y Lindos (Grecia)

Rodas y Lindos (Grecia)
18 de septiembre de 2019

RODAS

Tras el paso por distintos nombres ha terminado por ser Rodas, con un rico pasado mitológico y legendario que llega a la Edad del Bronce y la influencia minoica. Se trata de una encrucijada entre Oriente y Occidente que favoreció el desarrollo del comercio y los intentos de conquista de la isla por las diferentes potencias e imperios de cada época.

Es conocida la ciudad de Rodas por lo que se sabe de su famoso Coloso, una estatua gigantesca del 292 a.C. realizada por el escultor Cares de Lindos. Hecha en bronce y con un peso estimado de unas 70 toneladas, se dice que daba paso al puerto de Rodas, apoyando cada pie en sendas torres a la bocana del puerto. Fue destruida en el terremoto del 226 a.C. Hoy día, naturalmente, sólo cabe imaginarlo, sin que la organización actual del puerto facilite la labor, pues su embocadura es mucho mayor. Sigue leyendo

Patmos (Grecia)

PATMOS (GRECIA)
A mediados de septiembre de 2019

A cuatro horas de navegación y después de cubrir 50 millas desde Kusadasi a orillas de la costa turca, arribamos a la isla griega de Patmos. El barco queda anclado en medio de la bahía. Una barcaza nos conducirá al pequeño puerto que se abre a la carretera y la plaza principal del pueblo con terrazas sombreadas y bares. Las calles que recorren la población por detrás de la plaza aparecen tranquilas acogiendo algunas de ellas establecimientos hoteleros, tiendas de regalos y restaurantes o bares con sus pequeñas terrazas y mesas en la calle. Es un pueblo acogedor y tranquilo. A medida que ascendemos por sus callejuelas de casas encaladas y pintadas en azules marcos de puertas y ventanas se va abriendo la vista a su amplia y bien recogida bahía con toda la luz del Egeo y los colores cálidos de la tarde. En lo más alto, ya a las afueras, destacan los restos de una acrópolis. Al otro extremo del puerto vemos extenderse una pequeña playa que cierra otro pequeño puerto deportivo y discurre paralela a la carretera. Algunos veleros de hasta tres mástiles reposan amarrados a la orilla. Desde la playa de arenas finas y doradas, al fondo del golfo, se divisa todo el conjunto urbano de Patmos. Es una tarde de temperatura agradable sin que moleste el calor y el agua invita al baño de algunos bañistas. Todo es apacible y sereno.

En lo más alto de la montaña que circunda Patmos distinguimos las casas blancas agrupadas al pie del monasterio de piedra oscura de la ciudad de Chora. En algún punto de la ladera se encuentra la cueva de San Juan Evangelista, que da nombre al monasterio, y donde dicen que el santo dio escritura al libro del Apocalipsis. Sea cierto o no, el lugar no parece el más indicado para inspirar el final de los tiempos y más bien parece empujar a la contemplación y la sensación de paz. Pero eso –imagino- es cosa de cada cual, su percepción del espacio, el mundo y quién sabe qué otras circunstancias.

En mitad del golfo y el sosiego de las aguas y la tarde, el barco espera.

González Alonso

Enlace a: Otras fotos de Patmos

Míconos / Mykonos en septiembre de 2019 (Grecia)

MYKONOS.- Grecia en septiembre de 2019

No me había imaginado nunca embarcado en un crucero. Pero las cosas suceden, y cuando es para bien hay que alegrarse. De todos modos, para mi gusto, viajar en un barco tan grande tiene algunos inconvenientes a la hora de visitar los lugares que toca; sobre todo el tiempo tan ajustado, de apenas unas pocas horas para hacer las visitas, la casi imposibilidad de realizarlas por tu cuenta y la masificación en los lugares de destino. Todo ello te obliga a apuntarte –y pagar- las salidas organizadas desde el barco a fin de garantizar que volverás a tiempo de embarcar de nuevo. ¿Lo positivo? Pues el resto. La navegación, las atenciones, la limpieza, las distracciones, el orden y la planificación, la comida, el servicio, la posibilidad de estar solo y tranquilo si lo deseas o compartir tu tiempo en compañía. En fin, una organización perfecta para que el pasajero se sienta cómodo a bordo. Una vez conocidas estas circunstancias a la hora de realizar un viaje por las islas griegas, ya puedes decidir. Sigue leyendo

Atenas en septiembre de 2019

Atenas
A mediados de septiembre de 2019

Hay ciudades que no se agotan en sus reiteradas visitas; así le ocurre a Atenas. En esta tercera ocasión fueron muchas las cosas que rememorar, otras muchas que recordar y muchas otras que descubrir.

Atenas se sostiene de manera precaria en su escasa limpieza y puesta al día de calles, fachadas, aceras… pero nada de ello consigue mermar su encanto, la vida bulliciosa y comercial de su centro histórico y monumental, la cercanía y cordialidad de sus gentes, la magia de su luz. Decir que Atenas y su área metropolitana es Grecia tal vez sea demasiado decir, pero es innegable el peso de esta urbe de unos 4 millones de almas en un país que ronda los 11 millones de habitantes.

Repasando las impresiones, digamos que la Acrópolis es siempre una visita inexcusable. Su desafortunada historia la convirtió en una ruina por aquello de las guerras con los turcos y la ocurrencia de usarla como polvorín. Y claro, el polvorín explotó en 1.640  o lo hicieron explotar. Las consecuencias resultaron penosas y los trabajos de restauración marchan a ritmo lento y alcanzarán hasta donde alcancen. Sigue leyendo

Grecia (III).- Atenas, la capital

 

Las cariátides del Erecteion en la Acrópolis.El Partenón de la Acrópolis de Atenas.Teseio o Templo de Hefesto en la cima de la colina de Ágoraios Kolonos en el ágora (Acrópolis)

Estoy dándole vueltas en la mano al komboloi, una especie de rosario de cuentas azules, diecinueve piedrecitas redondeadas, que compré en Atenas. No se usa para rezar, me explicó la atenta dependienta que me lo vendió, sino para relajarse. Después, intentó enseñarme un par de movimientos con el komboloi (pensamiento) y ante mi manifiesta torpeza, sonriendo, añadió que sólo era para relajarse, pero que si me estresaba lo podía dejar. Creo que lo dejaré por ahora; me temo, no obstante, que los griegos van a tener que utilizarlo también para rezar y, si existen los milagros, tal vez a ellos, y a nosotros con ellos, vaya a ser un milagro lo que les consiga salvar de una situación económica tan injusta como gravosa para los ciudadanos tal y como la que nos están haciendo sufrir, padecer y pagar.

Iglesia bizantina de Capnikarea en la calle Ermú del barrio de MonastirakiReconozco que éste no es un comienzo muy alentador para mirar a la Acrópolis de la capital y cuna de la cultura occidental; pero la situación en que vivimos se impone y nos impone algunas preguntas sobre los porqués de que países como Grecia, Italia, Portugal o España estén siempre en el punto de mira de las mayores dificultades. Entre los recovecos de las calles del barrio de Plaka hay una plaza en la que estaba la llamada puerta de Lysícrates y su famosa lámpara, construída en premio por costear el importe del coro de una función de teatro en la que había resultado vencedor. Pero vivió en Atenas otro hombre llamado Diógenes, que además era sabio, asceta y filósofo, y que recorría las calles de la ciudad con otra lámpara, ésta de mano, encendida durante el día y a pleno sol con la pretensión de encontrar un hombre, un hombre auténtico, íntegro, honesto, según explicaba a quienes le preguntaban por la razón de su conducta. Si en los tiempos de Diógenes, ni siquiera ayudándose de una lámpara a la luz del día, era imposible encontrar un hombre de verdad, ¡qué vamos a encontrar en los tiempos que corren! Mirando la plaza y el monumento que me hicieron evocar la figura de Diógenes, pensé que si éste fue incapaz de hallar un solo hombre honesto en Atenas, sí consiguió que todos los ciudadanos, corruptos, innobles, mentirosos o déspotas, se tropezaran con la luz de su linterna que denunciaba la condición de cada cual y que no podrían evitarla aunque agacharan la cabeza, miraran para otro lado o le dedicaran algún exabrupto o palabras henchidas de orgullo, desprecio y socarronería. La luz de la razón, aun débil en la mitad del día con su sol, es poderosa. ¿Cuántas lámparas nos tocará levantar en la mitad del día?

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Grecia (ll).- Islas Cícladas: por Naxos y Santorini

Naxos es la isla de los dioses; se cuenta que en ella Teseo abandonó a Ariadna en su huida  de Creta, después de que la misma princesa le hubiera ayudado  a encontrar la salida del laberinto de Cnosos tras dar muerte al minotauro. Se trata de una isla relativamente grande, con cultivos de aceitunas, almendras y vino de gran calidad. De hecho, también se dice que Dionisios sedujo a Ariadna después de ser abandonada por Teseo y, tal vez, el vino tendría algo que ver con todo ello. Asimismo, sobresale la isla por la abundancia de canteras de mármol, con pueblos casi enteramente construídos con este material, como es el caso de Apiranthos, donde todas sus calles, escaleras y escalinatas, están hechas de hermosas losas de mármol.

Recorrer la isla de Naxos es disfrutar de los contrastes; pero, sobre todo, es escalar, ascender y descender puertos de montaña que van dejando paso a pueblos singulares como Hallkia, Filoti, Koronidas o Koronos, para llegar a tocar en el destino posible del pequeño puerto de Apolonos y tener la oportunidad de asombrarse con las dimensiones de una estatua yacente, el llamado kouros de Dionisios, inacabada y abandonada  en la misma cantera de donde la estaban arrancando, debido a  los problemas que presenta con las grietas del mármol.

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Grecia (I): Islas Cícladas. De Amorgós a Koufunissi

Amanece en el aeropuerto de Thera (Santorini). Un poco después arribaremos al puerto sin encanto, funcional, de Athinios, hundido en los acantilados que cierran la caldera del volcán. La temperatura agradable del amanecer se va convirtiendo en calor. Los pueblos resplandecen como azúcar o nieve en lo alto de los acantilados. Llega el barco. Al modo de Odiseo, el Ulises de la guerra de Troya en su retorno a Ítaca, los vientos y los dioses alejaron la nave de su destino a Amorgós para ir a dar a las costas de Pano  Koufonissi. La paciencia que inspira la filosofía del alma griega sirve al caso de esperar otro barco a la buena sombra de la terraza un poco elevada del bar a pie de embarcadero y todo el color del Egeo ante la vista, el mejor momento para despachar con calma una comida griega seguida del café y sus posos.

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