Lois y la Cátedra de Latín en la montaña leonesa

Lois, verano de 2020

Veníamos de Riaño camino de León cuando, tras una curva, apareció la indicación a Lois. Sin pensarlo dos veces, giré a la derecha para adentrarnos por una angosta carretera de unos ocho kilómetros que te parecen el doble por su estrechura y trazado sinuoso corriendo en sentido contrario al lado del río Dueñas, afluente del Esla, causante de esta estrecha garganta en medio de la montaña leonesa del Parque Regional de los Picos de Europa.

Lois pertenece al municipio de Crémenes; situado a 1.200 metros de altitud y escondido en el entorno montañoso y agreste de la Cordillera Cantábrica leonesa, sorprende por su aislamiento y belleza, rodeado de un paisaje espectacular de alta montaña. Lo que te preguntas es cómo debió de ser la vida en este lugar en el que las casas de piedra y blasonadas con escudos de armas se remontan al siglo XVII. Y cómo, hace más de doscientos años, fue posible la fundación de la denominada Cátedra de Latín. Esta especie de seminario que a partir de 1740 facilitó la formación académica de tantas personas que luego fueron ilustres, se debió a Jerónimo Rodríguez-Castañón Valbuena,
natural del lugar, con la finalidad de facilitar el “estudio de la gramática” y las primeras letras a quienes no pudieran hacerlo fuera del pueblo. Y debieron de ser muchas y muy inteligentes, a la vista de la larga nómina de personalidades que pasaron por ella o que nacieron allí, entre otros el ministro Baltasar Álvarez Acebedo, o Pedro Castañón, también de la misma familia de Jerónimo, que antes, en 1701, fuera fundador en el mismo Lois de la escuela de primeras letras o escuela de niños pobres, construida un poco más arriba en el casco histórico de la localidad; pero también varios obispos, como los de Tuy, Orense y Ciudad Rodrigo, catedráticos, priores, miembros de la Real Academia Española, abadesas, etc.

Esta es la segunda vez y la segunda ocasión de sorprenderme con la visita a Lois. En la ocasión anterior fue otro verano distinto a éste de la pandemia del coronavirus Covid-19, triste y solitario con todas las medidas de precaución tomadas. En el anterior la vida bullía en actos culturales organizados en el aula de la pequeña histórica escuela de primeras letras y la animación del bar aledaño y su terraza. El inmueble de la famosa Cátedra de Latín permanecía abandonado a su suerte, enredado en un sinnúmero de problemas legales sobre su propiedad y que la Junta Vecinal pretendía adquirir para su restauración. Afortunadamente, este años de 2020, tan nefasto por la terrible pandemia, al menos está resultando grato para la Cátedra, que se ve envuelta de andamios que anuncian los trabajos de restauración.

Aparte del agua que brota por todos los lados en este lugar de montaña, a veces en forma de fuentes con numerosos caños, Lois acoge entre sus significadas casas solariegas de historia y rancio abolengo, dos sorpresas únicas, su iglesia y la llamada Casa del Humo. De la segunda, restaurada y recuperada como centro cultural y de encuentro, podemos decir que se trata de una especie de palloza, teitada con paja y dispuesto el fuego del hogar en mitad de la vivienda que carece de chimenea, con lo que el humo alcanzaba el techo y salía al exterior por entre la paja. El espectáculo debía de ser sorprendente al ver humear el tejado como si ardiera la casa. De la iglesia, que es conocida, por su impresionante volumen, como la Catedral de la Montaña, causa admiración por el color rojo del mármol de una cantera próxima en que fue construida. Da la impresión de algo monumental y demasiado grande para el pueblo. El arquitecto encargado de la obra fue Fabián de Cabezas, maestro mayor de la catedral de Toledo, que la diseñó en estilo barroco tardío, muy en la línea de Ventura Rodríguez, carente de ornamentación, y que consta de una imponente única nave en su planta, con crucero y bóveda de cañón y rematado el crucero por una solemne bóveda de media esfera. El espacio interior respira grandiosidad y respeto. La obra se realiza a mediados del siglo XVIII.

Según he podido leer: El lugar aparece ya mencionado en la época de la Repoblación, a comienzos del siglo X, perteneciendo durante los siglos siguientes sus pagos a los abades de Sahagún y Eslonza. Durante la Edad Media perteneció al territorio de Alión y en el siglo XII (1185) los reyes de León lo donaron a la Orden de Santiago. En el XV era parte de la merindad de Valdeburón y en 1974 se fusiona con Crémenes.

Pero la historia de Lois es sorprendentemente más antigua; ya antes de la llegada de las legiones romanas el territorio estaba ocupado por pobladores indígenas de los que se ha encontrado el mayor número de lápidas vadinienses. Vadinia fue un territorio y una ciudad astur o celta cuya ubicación todavía no se ha podido localizar. Tal vez los restos más significativos de estos asentamientos permanezcan sepultados para siempre por las aguas del embalse de Riaño.

Hoy Lois, además de lo mencionado hasta aquí, cuenta con unas cuatro casas rurales que facilitan el alojamiento para el disfrute de un paisaje y un entorno tan seductor, con la posibilidad de hacer buenos paseos de senderismo y rutas de montaña. Nada mejor que hacer para disfrutar unos días de ocio y salud que adentrarse en estos parajes recónditos de la inmensa montaña leonesa cantábrica y sus sorpresas.

González Alonso

ACCESO A:  OTRAS FOTOGRAFÍAS DE LOIS

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s