Chile: Valparaíso y Viña del Mar

Valparaíso y Viña del Mar. El eco incesante de Pablo Neruda (20, 21, 22 y 23 de octubre de 2013)

En el pequeño aeropuerto de Calama, en el norte de Chile y los confines de Atacama, muchos mineros del cobre y otros minerales aguardan para coger el avión hacia unos días de descanso en sus casas, algunos casi al sur del país. Vladimir, uno de los mineros que viajaba con cinco días de permiso, nos informa de las condiciones laborales de las minas y nos regala su opinión sobre cuestiones generales de la política de Chile. Su cordialidad y preocupación por nosotros resulta exquisita; nos habla de su mujer y sus hijos con indisimulado orgullo y no nos dejará de la mano al llegar a Santiago hasta vernos subir en el autobús que nos conducirá a Valparaíso. Su amabilidad le lleva a ofrecernos su casa para una posible visita y se despide con emoción y afabilidad.

El vuelo, siguiendo la cordillera de los Andes, permite el asombro sin pausa a lo largo de los kilómetros y kilómetros de distancia. El desierto se continúa a sí mismo entre las cordilleras subandinas, y los Andes, nevados, trazan una línea permanente en el horizonte.

De Santiago de Chile a Valparaíso el paisaje se llena de verde y frondosidad; se respira la humedad en el viento fresco que corre. El contraste con Atacama parece sorprendente. El agua corre caudalosa por los ríos y los árboles y los cultivos lo inundan todo ante la vista. Sigue leyendo

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De La Quiaca (Argentina) a Tupiza y el salar de Uyuni en Bolivia

Por La Quiaca (Argentina) a Tupiza y el salar de Uyuni en el tren wara-wara (Bolivia) (14, 15, 16 y 17 de octubre de 2013)

El viaje a La Quiaca inicia su ascenso para pasar de los 2900 metros de altitud de Humahuaca a los 3400 metros  después de haber sobrepasado los 3800 metros de altitud durante alguno de los tramos del recorrido. La carretera se hunde entre las montañas durante unos pocos kilómetros siguiendo el curso del río; el resto transcurre por la altiplanicie en la que las vicuñas pastan la escasa, rala y seca vegetación. De todos modos, en diferentes ocasiones aparecen a nuestra derecha formaciones espectaculares de diferente colorido y una belleza semejante a la de la famosa Colina de los Siete Colores de Purmamarca o la del   paisaje que se ofrece a la vista desde el Hornocal, en Humahuaca, y sus impresionantes 4300 metros de altitud.

Aunque vamos haciendo una subida escalonada y nos estamos adaptando relativamente bien, la altura empieza a hacerse notar y el recurso a masticar hojas de coca nos ayuda, o eso creemos, a superar los trastornos de estas altitudes.

La Quiaca es un pueblo de frontera cuyo destino está unido al de Villazón en la parte boliviana y al funcionamiento del tren que ahora se encuentra suspendido desde hace un año por obras de reparación y reconstrucción de parte de la línea y un puente. Así que, de momento, el tren llega hasta Tupiza , a más de cien kilómetros al interior de Bolivia.

El paso de frontera te retrotrae a la situación en España hace más de cuarenta y cinco años en los pasos con Francia, Portugal o Marruecos. La acumulación de gente es enorme desde primera hora de la mañana. A pesar de los acuerdos entre argentinos y bolivianos para agilizar el paso las cosas se complican, sobre todo en los casos de de familias con hijos menores. El trámite de pasaportes para extranjeros es bastante caótico, yendo de las manos de un funcionario a otro hasta que te los devuelven sellados para la firma del registro y la carta migratoria. Sigue leyendo

De Salta a Jujuy: Tilcara y Humahuaca. Trópico de Capricornio

De  Salta a Jujuy: Tilcara y Humahuaca. Trópico de Capricornio (Argentina,10,11 y 12 de octubre de 2013)

La llegada a Salta viene precedida por la extensa meseta, accidentada y verde. El ascenso discurre siguiendo el curso del río de Las Conchas dibujando sinuosidades bajo cumbres impresionantes. Todo cobra vida en el altiplano a medida que nos acercamos a la ciudad; nos asaltan los olivares, los cultivos de caña y las plantaciones e industrias del tabaco. El viaje se hace ameno en medio de campos verdes y el fondo arbolado en largos tramos a un lado y otro de la carretera.

Salta nos recibe con generoso calor, mucho más veraniego que primaveral. Toda la vida de la ciudad bulle en torno a su plaza mayor, en la que se encuentra su iglesia catedral y el Cabildo. Unas cuantas calles peatonales que salen de la plaza acogen tiendas, restaurantes y los museos de mayor interés. El edificio del Cabildo, con sus dos patios interiores y su balconada de la primera planta sobre la plaza, contiene la historia de la ciudad desde su fundación hasta hoy día, dividida en épocas: de la fundación, periodo colonial, la independencia y la actualidad. Carruajes, armas, vestidos, objetos de culto, mapas, mobiliario y un sinfín de materiales se ofrecen, bien ordenados, al visitante. Otro museo cercano emplazado en una gran casa colonial ( ) llama nuestra atención; es de arte moderno y recorrerlo sirve tanto para admirar los cuadros y esculturas expuestos, como para disfrutar de lo que fue una de las casas coloniales mejor conservadas. Sigue leyendo

De Tafí del Valle a Cafayate por los valles calchaquíes. Punto y aparte

De Tafí del Valle a Cafayate por los valles calchaquíes. Punto y aparte (Argentina) (5, 6 y 7 de octubre de 2013)

Salida temprana de Tafí del Valle (2.000 metros sobre el nivel del mar). El valle, encajonado entre las sierras del Aconquija, se puede imaginar verde en su amplia extensión, pero está seco, teñido de un amarillento que rompen, a trozos, los árboles agrupados en torno a las fincas. Tafí no cuenta con centro histórico, ni pequeño, ni grande. Creció en fincas que fueron poblándose cuando los terratenientes del lugar vendieron gran parte o todas sus posesiones. La población dispersa se hace excepción en la carretera que atraviesa la población, desde la terminal de autobuses hasta el puente sobre un río de cauce muy amplio y pedregoso por el que corre un pequeño caudal de agua. Al fondo, el lago formado por la represa o Dique La Angostura, a unos diez o doce kilómetros, le da al paisaje árido un toque de delicado color azul que se tiñe de cielo. Imponentes las alturas que rodean el valle en su soledad, su elevación y su desesperante aridez.

La carretera hacia Amaicha asciende trabajosamente. Todo el paisaje es pradera poblada de matas de hierbas amarillentas hasta el pie de la montaña. Cuanto más asciende el autobús, más altas se hacen las cumbres. Parece una lucha imposible en medio de unos parajes permanentemente amarillos. Sigue leyendo

De norte a sur (III) – Bédar y la geoda de Pulpí

De norte a sur, julio de 2019 (III)

Bédar y las tierras almerienses de Pulpí

Llegamos al sur; o mejor, a esa parte del sur andaluz que se asienta al levante. Y a sus costas almerienses y sus tierras arrebatadas de contrastes en su aridez desértica y volcánica.

Un pueblo nos sorprende y subyuga. Situado en las estribaciones de la Sierra de los Filabres, Bédar, en las laderas de la sierra de su nombre, se abre con el conjunto de su caserío de estrechas y limpias calles, sin coches, sin establecimientos, sin bullicio, en calma y paz y tranquilidad.

Su entorno destaca con los verdes que alimenta y riega la abundante agua de sus covachas y fuentes. En plena canícula veraniega corren los arroyos y las acequias para distribuir un riego bien organizado de las huertas y terrazas escalonadas de su vega morisca tradicional. Sigue leyendo

De norte a sur (II) – Baeza

De norte a sur, julio de 2019 (II)

Baeza (Jaén)

La mañana, todavía fresca, nos conducirá de Manzanares a Baeza, en la provincia de Jaén. Emplazada la ciudad a unos 800 metros de altitud y circundada por los ríos Guadalquivir y su afluente principal, el Guadalimar, la población resiste con soltura el rigor del calor del día veraniego al que sigue un atardecer fresco y agradable.

Baeza, de historia y prehistoria reseñables, será a tomada a los musulmanes en 1147 por el rey Alfonso VII de León, “el Emperador”,  con la intervención –según la leyenda- del mismo San Isidoro de Sevilla, cuyos restos reposan actualmente en el panteón de la basílica de San Isidoro de León, donde se conserva también el legendario pendón de la batalla, conocido como Pendón de Baeza.

La ciudad, próxima a Úbeda, es conocida como la cuna del Renacimiento español y la UNESCO la distingue en 2003 como Ciudad Patrimonio de la Humanidad. Su recinto pétreo y todavía amurallado en gran parte, acoge monumentos tan singulares como las dos puertas gemelas, la Puerta de Jaén y el Arco de Villalar, el Arco del Barbudo, la Catedral, las Casas Consistoriales Altas, la Fuente de Santa María, la Universidad en el Seminario de San Felipe, el Palacio de Jabalquinto, la Casa Palacio de Rubí o de Ceballos, la Iglesia de la Santa Cruz, magnífico exponente del Renacimiento andaluz, y su Plaza del Mercado, flanqueada por soportales en la que podemos admirar el Balcón del Concejo y la Alhóndiga. Sigue leyendo

De norte a sur (I) – Tembleque y Manzanares

De norte a sur, julio de 2019 (I)
Tembleque (Toledo) y Manzanares (Ciudad Real)

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Tembleque                                                   Manzanares

1.- Tembleque

El periplo hacia el sur puede muy bien empezar en el norte, y desde las inmediaciones de Bilbao, en Vizcaya, tomar dirección Madrid para, pasada la capital de España, hacer una parada en Tembleque.

El calor del verano pega fuerte hacia las tres de la tarde en la villa manchega y toledana. En la soledad de esta hora y el silencio, pisar la emblemática plaza de planta cuadrada con ornamentos en yeso de la Cruz de San Juan, resulta ser una experiencia única. Un gato dormita a la sombra del pie de una de las columnas toscanas que sostienen sus soportales. Belleza desnuda y deslumbrante. Tres accesos al recinto espacioso y despejado de la plaza; los dos cuerpos de corredores que sostienen airosos pilares de madera lucen armoniosos y serenos. El acceso principal es una delicada labor de orfebrería arquitectónica, cubierto por un voladizo que sostiene un mirador con tejado a cuatro aguas.

Alfonso VI de León, hijo de Fernando II de León, “el Bravo”, y de la reina Sancha de León, tomó esta plaza en 1085. Al lado, saliendo por la puerta de enfrente al acceso principal, la Ermita de la Veracruz sorprende al viajero con la belleza sobria en la pureza del estilo arquitectónico de su planta y alzado octogonal, rematada por una cúpula con linterna; construcción del siglo XVIII dedicada en la actualidad a Biblioteca y Archivo Municipal. Sigue leyendo

Menorca, la cultura de la piedra

Menorca se ofrece al visitante con todo el atractivo de sus innumerables y bien cuidadas playas y calas en la larga cintura de agua del mar de la isla. Como un anillo, el camí de cavalls (camino de caballos) que circunda Menorca, nos permite pasearla en su totalidad alcanzando todos los parajes costeros de relevancia; este camí de cavalls fue concebido como medida defensiva en el siglo XVIII y permitía la vigilancia contínua de la isla y el desplazamiento de tropas para su defensa.

Tanto de norte  a sur como de este a oeste encontramos emplazamientos como Es Castell, antigua Villa Carlos, y su encantador puerto, la singular urbanización de Binibèquer Vell, playa de Binigaus, Cala Escorxada, Tebalúger, Cala Mitjana, Cala Galdana y su urbanización, Cala en Turqueta, una de las preferidas del público en general y de las primeras en llenarse, Cala des Talaier, Son Saura, paraje de Calespiques, Punta Nati con su faro, Cala Morell, playa de Binimelá y Cala Pregonda, el Cap de Cavallería, Fornells, Cala de sa Torreta, la Platja des Grau o el mismo pueblo de Grau con su puerto de pescadores y una urbanización discreta y respetuosa con el medio. Las ciudades de Maó (Mahón) y Ciutadella (Ciudadela), en los extremos norte y sur de la isla y unidas por la principal vía de comunicación a lo largo de más de cuarenta y cinco kilómetros, ofrecen en sus contrastes históricos, arquitectura y actividad económica, junto a las características comunes, dos ocasiones estupendas de disfrutar con su visita.

Naveta de Rafa Rubí-MenorcaPero Menorca (la “isla menor“, pero no la menor de las islas de Baleares) está impregnada de otra cultura omnipresente en la vida de los isleños, que es la cultura de la piedra. Desde los monumentos megalíticos en forma de talayots (atalayas de carácter defensivo y también empleadas para comunicarse a través de señales de una a otra), navetas (enterramientos pétreos en forma de nave invertida) o taulas (mesas y dólmenes) hasta la construcción de kilómetros y kilómetros  de muros o paredes secas que encajan carreteras y dividen montes y campos o las construcciones defensivas más modernas y las de usos agropecuarios en las parcelas, todo es piedra y la expresión de su vitalidad y fuerza, con vocación de durar. Sigue leyendo

Rusia (II).- Moscú

RUSIA, mayo de 2019
MOSCÚ

Entre San Petersburgo y Moscú se extienden setecientos largos kilómetros de taiga que recorre el tren en unas cuatro horas. A un lado y otro del recorrido se suceden los bosques, ríos, lagos, pequeñas poblaciones y casas aisladas y más bosques de coníferas con abetos, pinos, alerces, abedules y enebros. Es un paisaje primaveral hermoso y relajante en el que cuesta imaginar las condiciones extremas del invierno.

El tren avanza por entre barrios periféricos sin que parezca que se va detener o encontrar la estación final de Moscú. La gigantesca urbe, con sus quince millones de almas, se extiende sobre una horizontalidad monótona. La primera impresión es que en Moscú no hay nada más que autovías y carreteras llenas de vehículos cruzándose y formando una gigantesca tela de araña en la que quedan atrapados los edificios, los monumentos, los barrios, los hoteles, las personas, todo. Si San Petersburgo era un mosaico de ciudades aisladas por el agua y con incontables puentes para romper su aislamiento, Moscú aparece como un conglomerado de islas de hormigón separadas por ríos de asfalto.

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Aprovechando la pronta llegada a Moscú intentamos viajar hasta el monasterio trinitario de San Sergio, a unos 60 kilómetros. La visita al monasterio del siglo XIV y el almuerzo en sus inmediaciones eran nuestro objetivo. Pero resulta difícil llegar a una hora razonable. Atascos por obras que realizan aprovechando los días buenos de primavera y verano, pero que son los que coinciden con la afluencia masiva de turistas, y una hora punta de salida de la ciudad complican el viaje. En el recorrido podemos ir viendo desfilar algunos símbolos emblemáticos moscovitas, como el monumento impresionante de las esculturas –restauradas- de la campesina con la hoz en la mano y el obrero empuñando el martillo, en un gesto decidido de avanzar unidos hacia las conquistas sociales revolucionarias: poco más adelante, algunos edificios gubernamentales y centros de investigación espacial con un museo, adivinándose en el exterior alguna nave espacial, cohetes y satélites artificiales. En otro punto, marcando la ubicación del museo espacial, se alza una gigantesca escultura en titanio que simula la cola o rastro dejado por un cohete elevándose hacia el espacio. Airosa e impresionante. Se suceden las llamadas dachas o propiedades agrarias con sus casitas, cedidas a sus dueños actuales como incentivo para que cultivaran el terreno y ayudaran a incrementar  la deficiente producción agraria. Sigue leyendo

RUSIA (I).- SAN PETERSBURGO

RUSIA, mayo de 2019
SAN PETERSBURGO

Los aviones son rápidos, pero impresiona comprobar la distancia desde España hasta San Petersburgo y su latitud báltica, por encima de Estonia, asomada al golfo de Finlandia a donde lleva sus aguas el río Neva que cruza la ciudad con sus canales y que nace 80 Kilómetros más al norte, en el Lago Ladoga.

No sé. La impresión que me dio San Petersburgo fue que se trataba de una ciudad hecha por los zares para los zares. Fue creada con este nombre por Pedro I el Grande (1703), luego se llamó Petrogrado, más tarde Leningrado, y otra vez vuelve a ser San Petersburgo por votación popular. La monumentalidad de sus palacios y edificios, el trazado de sus calles, los canales, las inmensas avenidas y plazas, compiten con las innumerables iglesias ortodoxas, varias protestantes y alguna católica. Las iglesias ortodoxas de San Petersburgo, al igual que todas las que se extienden por Rusia, podemos contar-como J. Jiménez Lozano comenta en su libro “Las gallinas del Licenciado” acerca de las antiguas de Constantinopla- que “tienen cúpulas como cebollas de oro o gorro tártaro de lapislázuli puestos sobre sus torres

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Los colores de la ciudad son de tonalidades claras en las fachadas por aquello de iluminar su ambiente, sobre todo en los largos días de su largo y oscuro invierno. Las avenidas de amplia calzada y aceras se siguen con un trazado limpio y rectilíneo con los edificios de gran porte y de alturas regulares. Todo parece majestuoso y hasta solemne. Pero hay otra vida al fondo de los callejones que se abren regularmente en las calles y que acaban en un patio de vecinos que es, en realidad, como un pequeño barrio escondido, alguno con su iglesia o pequeño teatro o sala de fiestas; también hay patios más modestos y humildes de fachadas desconchadas y ventanas que se sujetan de manera precaria. Es la otra ciudad que aparece en cuanto te alejas unos cientos de metros a través de un pequeño parque o una calle estrecha. Las dos conviven en aparente armonía, la espectacular de los bulevares, grandes parques e iglesias catedrales, y la reservada, sencilla, utilitaria, de los patios traseros. Sigue leyendo