Lisboa, cinco días de enero (2012)

La Baixa en Lisboa.Desembocadura del Tajo. Puente 25 de Abril en Lisboa..Tranvías en Lisboa.
Lisboa, cinco días de enero (2012)

O pessimismo é bom quando é fonte
de energía.- F.Pessoa

Cuatro ocasiones para visitar Lisboa y cuatro sorpresas de una ciudad siempre la misma y siempre diferente. Pienso que, de igual modo, podrían ser cuatrocientas las veces y otras tantas las sorpresas. Tal vez  Lisboa,  me atrevo a sugerir, sea  una buena definición de Portugal y de la manera de ser portuguesa. Las calles angostas y sinuosas dibujan un alma atormentada por un marcado pesimismo como fuente de energía, en palabras de Fernando Pessoa; las aguas dulces del Tajo se abren a la amargura de una mar oceánica en la amplia sonrisa del estuario que   forma el Mar de la Paja; la desazón de la aventura y la ausencia son fados en Alfama y el Chiado; se extiende la razón y la geometría desde la Baixa a la Avenida da Liberdade en las ideas ilustradas del Marqués de Pombal; se alza la dignidad de ser portugués en los edificios apenas sostenidos por la sola voluntad de estar en pie, dando, infatigables, la cara al tiempo. No sé, yo diría que esta ciudad magnífica que se multiplica por sus más de siete colinas, tiene vocación de permanecer fiel a sí misma, obviando cambios inútiles. Así, cuando numerosas ciudades españolas y europeas vuelven a descubrir los tranvías, Lisboa no había dejado de viajar en ellos, los de verdad, de los que sirven para traerte y llevarte en el traqueteo de sus hierros y maderas, desafiando espacios imposibles entre esquinas que se tocan en cada curva.

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Noruega, laberinto de agua – agosto de 2011

Bergen.- NoruegaBergen nos despide tal como nos recibió, con una lluvia fina bajo un mismo cielo gris. En medio, los días de verano noruego, variables de hora en hora en su climatología  que, sin embargo, no  nos impidieron disfrutar cada una de las visitas y paseos, alguno de ellos a través del monte y siempre apegados a la vista de los fiordos que conforman el laberinto de agua que resulta ser Noruega. Porque decir Noruega es decir agua; agua en los ríos que se desprenden de los glaciares con su color verdoso a donde vuelven a desobar los salmones y en donde las truchas encuentran ancho acomodo; agua desplomándose de las alturas en cascadas rasgando las paredes verticales de los fiordos en las que, desde su verticalidad o a veces suavemente tendidas, la vegetación lo cubre todo; agua acumulada en las nubes que nacen lentamente de los fiordos y se elevan agarradas a las laderas de los montes mientras se hacen jirones en formas admirables; agua de nieblas por entre las cuales lo más difícil es no imaginar el avance silencioso de las naves vikingas, hoy sustituidas por buques modernos que de manera eficiente forman una buena red de comunicaciones y transporte. La sinfonía del agua les da color y vida a bosques de verdes increíbles, más verdes aún en las escasas superficies convertidas en praderas entre los estrechos valles; y, cuando no, todo este laberinto y arpa de agua se convierte en islotes, canales, entrantes y brazos de agua visitados por focas y delfines que se dejan avistar de vez en cuando.

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En la isla de Ibiza. Verano de 2010

Sería 1970 o 1971 cuando arribaron a Barcelona tal vez los últimos hippies camino de Ibiza. Conocí a algunos y compartí también algunas experiencias propias de la época y la idiosincrasia de los últimos románticos del amor libre, la libertad, la música y la vida sencilla, sin más adornos que aquellos con los que la Naturaleza se viste y sin otro horizonte que el que se abre a nuestro paso a medida que caminamos. Durmieron en mi casa, un piso compartido con otros cinco estudiantes, dos chicas y tres chicos catalanes; dormí en otras casas también compartidas por otros hippies en las laderas de La Floresta, comimos lo que había y lo que cada cual podía buenamente conseguir, reímos mucho y pude entender algunas de sus historias conversando en mi pésimo francés, su peor español, oyendo explicaciones en inglés o alemán y gesticulando mucho, que es lo que más nos hacía reír. Fueron unos meses hermosos.

La Caleta al atardecer.A medida que ellos se iban y yo me quedaba, mientras los despedía en el puerto de Barcelona, en mi interior se iba dibujando la idea de la isla de Ibiza, la Ítaca de Kavafis, el final de un comienzo que era el viaje de la vida. Y esa imagen fue creciendo con los años, haciéndose cada vez más rica y más soñada. Pero nunca fui a Ibiza. Tuvieron que pasar casi 40 años para alcanzar las costas de la isla mítica.

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Buenos Aires, segundo paso de baile de un tango interminable

Buenos Aires, segundo paso de baile de un tango interminable. (1,2,3 y 8,9,10,11,12 de diciembre de 2013)

Tango en Buenos AiresHacía más de dos meses de la primera visita a Buenos Aires y ya la echaba en falta. Es fácil enamorarse de la ciudad porteña marcada por el eclecticismo de sus construcciones, su colorido, sus librerías, sus gentes y su ambiente cultural. Aunque conocerla a fondo no es tan sencillo. Puede llevarte meses, incluso años o toda una vida, desvelar las muchas y variadas claves de su razón de existir.

Digamos, en principio, que la capital federal argentina es muy grande. En sus cuarenta y ocho barrios aglutina casi trece millones de habitantes. Pero, aunque nos quedemos con los barrios más céntricos y señalados de la ciudad acostada al Río de la Plata, tenemos que hablar de casi tres millones de porteños. Ciudad grande y controvertida, de fuertes contrastes. Del barrio colorista de Boca, con tirón turístico de tango y la calle Caminito, pegado a los muelles del Río de la Plata, podemos pasar al de El Retiro, el de Recoleta, bien trazado, con abundante arbolado, de estilo colonial, o al de Palermo o Belgrano.

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Marruecos: Chefchauen en el mes del Ramadán de 1990

Marruecos. Vista general de ChefchauenMarruecos, un viaje en el mes del Ramadán de 1990. Primera estancia: Chefchauen

Hace unos días que volví a mirar éstas que ya son viejas fotografías, copias de las de papel que se hacían a partir de los negativos de carrete. También encontré este pequeño texto que empezaba contando un viaje en compañía de una pareja amiga. Y decidí rememorarlo. No habrá continuación del relato de la experiencia por ciudades como Féz, Marraquéch o Larache, que fueron los otros destinos del viaje y de los que sí hay algunas fotografías; solamente este apunte con los buenos recuerdos y el homenaje a Jesús y Alicia, fallecida tempranamente, que nos acompañaron en nuestra primera aventura, y casi única, por tierras marroquíes.

Féz.- MarruecosMarruecos es un mundo de oportunidades de todas las clases; puedes transportarte al siglo XV en tan pocas horas como hacerlo al estilo de vida frenética de las ciudades europeas, y pasar de la hospitalidad de las gentes del desierto al barullo multicolor de los mercados más excitantes. Todo es posible. Pero junto con la luz meridional y el verde intenso del Atlas y sus estribaciones, yo destacaría el color de las calles de sus pueblos y ciudades y los olores intensísimos que nos arrastran al mundo de las especias, las frutas y los productos artesanales.

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Sierra de Gredos, entre música y paisajes, 2017

Sierra de Gredos, entre música y paisajes
2017

Tal vez el pretexto para acercarse a las inmediaciones del Almanzor en la Sierra de Gredos fuera la actuación de Sting en concierto junto a Nikky Hill y Amaral, aunque –todo hay que decirlo- el pretexto estaba mucho más que justificado después de vivir junto a otras trece mil quinientas personas la actuación en directo del que fuera líder del conjunto británico Police. Admirable derroche de energía, buen hacer y buen rock and roll. Y el evento, con el nombre de “Músicos en la Naturaleza”, organizado en los prados rodeados de bosque aledaños a Hoyos del Espinar, fue bendecido por el buen tiempo veraniego a pesar de la amenaza de tormentas.

En el itinerario desde Vizcaya nos cruzamos con Tordesillas para hacer una breve parada bajo la lluvia y almorzar el plato del día en uno de sus restaurantes, el Figón, de mesa con mantel, ambiente agradable, buen servicio y relajado. Luego continuamos, cada vez con más lluvia sobre nosotros y los paisajes castellanoleoneses que nos rodeaban, hacia el sur en busca de las tierras de Ávila. Todo presagiaba un fin de semana pasado por agua y más frío de lo habitual, pero a medida que tomábamos la dirección hacia San Martín del Pimpollar, la borrasca se alejaba hacia el este y el horizonte de la sierra se aclaraba de manera esperanzadora.

San Martín del Pimpollar, con su nombre sonoro y sugerente, es un pequeño pueblo hecho de piedra a pocos kilómetros del Parador Nacional de Gredos. Calles estrechas y sinuosas, puente rústico de piedra sobre un pequeño río, pequeña plaza al lado de la iglesia y varias casas rurales. Una de ellas, con su típico pequeño patio delantero de suelo cubierto por grandes losas y cerrado por un muro robusto de piedras, fuentecilla crecida de plantas a la entrada, de planta baja y un solo piso, nos acogía a la media tarde mientras acomodábamos el equipaje y charlamos con los vecinos de la casa contigua llegados también para el concierto de Sting y fieles seguidores de estas convocatorias.

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Buenos Aires: Un tango de Corrientes a Caminito

Buenos Aires: Un tango de Corrientes a Caminito (18, 19, 20, 21, 22, 23 de septiembre de 2013)

Buenos Aires es un tango de Corrientes a Caminito. En esa lucha cuerpo a cuerpo con la sensualidad del amor, la ciudad se hace cosmopolita, espejo de raíces culturales, y en las márgenes inseguras reflejadas en el Río de La Plata es urbe de identidades y búsqueda de un perfil definitivo que no acaba de encontrar. Es paso de baile y aire en el equilibrio precario de las edificaciones dispares de sus barrios, los más de 40 que componen el mosaico diverso de la ciudad con sus peculiaridades.

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Viaje interior. Por tierras del Sistema Ibérico

Viaje interior. Por tierras del Sistema Ibérico
28 al 31 de julio de 2012

Palacio episcopal de TarazonaDe vez en cuando resulta muy recomendable hacer una incursión a los interiores, y no me estoy refiriendo a los interiores de las personas –aunque también-, sino a los geográficos y peninsulares. Las sorpresas, unas agradables y otras no tanto, te asaltarán a cada paso que des; así es como transcurrió el breve viaje de tres días al corazón del Sistema Ibérico, por tierras aragonesas alrededor del Moncayo y su sierra, para retornar por las castellanas y leonesas de Soria y las riojanas de Logroño. Breve periplo con su primera parada en Tarazona, a la sazón en fiestas, con la orilla del río Queiles poblada de puestos de venta de toda clase de artículos y una animada mañana de tapeo y cuadrillas con los colores festivos de cada una de ellas. Destaca, dominando todo el pueblo, el imponente palacio episcopal, bastante agrietado en la estructura de techos y paredes y lamentablemente oculta buena parte de él por las construcciones llevadas a cabo en su frente, con la ceguera arquitectónica de los responsables urbanísticos de turno. Una lástima. A espaldas del palacio aparece desolado el pueblo original con sus calles y callejas y edificios arruinados tras los que se adivina la intención, más que realidad, de iniciar su recuperación. Será ésta una situación repetida a lo largo y ancho del Campo de Borja y la Comarca del Aranda, en las que el estilo mudéjar que atesoran apenas se sostiene en algunas iglesias y monasterios para perecer en el abandono de los enclaves urbanos antiguos.

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Carboneras y la Caldera de Majada Redonda (Almería)

Carboneras y la Caldera de Majada Redonda
8 de julio de 2018

Es una buena mañana de verano en Carboneras. El viento de levante hace más agradable el desayuno a la sombra de una terraza del paseo marítimo. Y antes de que el sol golpee con fuerza, provistos de agua, buen calzado y buen humor, arrancamos en dirección a la Isleta del Moro para llegar a la Caldera de Majada Redonda (486 m), una de las mejores vistas de un cono volcánico hundido que puede encontrarse en Almería. Otro testimonio interesante, de dimensiones más reducidas y donde es posible encontrar preciosos granates, está al lado de Níjar y a la vista desde la autovía de Almería, conocido como Volcán de la Granatilla o el Hoyazo de Níjar.

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Recorriendo todo lo largo del paseo marítimo hasta la salida de Carboneras, cerca de la central térmica, tomamos la carretera hacia Almería ciudad. Se inicia con una prolongada cuesta hasta dejar atrás la gasolinera a la derecha y continúa un ascenso más moderado para llanear a tramos. Tomaremos el desvío a la izquierda hacia Agua Amarga y a pocos kilómetros dejaremos la estrecha carretera para seguir por una antigua pista, a la derecha, hacia Fernán Pérez. Ahora, ya asfaltada, el recorrido es ameno discurriendo por los límites del Parque Natural del Cabo de Gata; sobrepasaremos la desviación a la izquierda por una pista forestal que llega a la Cala del Plomo y avanzaremos sorteando curvas y salvando pequeños desniveles hasta vislumbrar el acueducto de Fernán Pérez y adivinar el emplazamiento de su molino de viento restaurado. En el cruce, giraremos a la izquierda y sin abandonar esta carretera pasaremos las Hortichuelas, el desvío a Las Negras, Rodalquilar, el Mirador de la Amatista de belleza impresionante y llegaremos a la Isleta del Moro.

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Venecia hasta Murano, Burano y Lido

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Venecia

Del abrazo entre el río Po y el mar Adriático, nace la ciudad de Venecia. El amor del agua la sostiene, la misma pasión que la hunde hasta sumergirla en el sueño definitivo del tiempo. Pero aún, en medio de la luz resplandeciente de la bahía, la ciudad suspira enamorada.

¿Merece la pena visitar Venecia? La respuesta es que sí, sin dudarlo. Por encima del tumulto turístico y la impronta que marca, desvistiéndola de su estilo de vida centenario, banalizando el consumo de arte, dibujando lo artificioso de algunas costumbres, vale la pena caminar sus estrechas calles, atravesar sus puentes, navegar por sus canales. A fin de cuentas, ¿no sigue siendo Venecia lo que siempre fué, una ciudad comercial? Pues hoy día, el turismo no deja de ser una industria rentable y los venecianos, sustituyendo las caras mercancias de Oriente y el trasiego de la ruta de la seda por el turismo, atraen a su ciudad a gentes de todo el mundo; pero, sobre todo, a los asiáticos.

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El Gran Canal, arteria principal de la ciudad, es una sucesión asombrosa de palacios con el agua subiéndoles por los portales y las escaleras de mármol. Las fachadas resultan ser un alarde de belleza en la multiplicación de amplios ventanales con arcos renacentistas de medio punto y conopiales, columnas, bajorrelieves, mármoles, colores y hasta representaciones pictóricas completas de grandes dimensiones en todo su frente. La mayoría de ellos se han convertido en hoteles; otros, en museos; algunos otros parecen barcos a la deriva aparentemente dados al abandono; todos, se mezclan con iglesias que van jalonando las sinuosidades de esta deslumbrante vía acuática veneciana.

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