De la Isleta del Moro a Los Escullos en Almería

De la Isleta del Moro a Los Escullos

En cualquier día de cualquier estación del año, a excepción de los más rigurosos del invierno o del verano, si por fortuna andas por tierras de Almería y el cuerpo te pide un paseo ameno y relajado, no lo dudes, dirígete al lugar de La Isleta del Moro a través del Parque Natural del Cabo de Gata, pasando por Las Hortichuelas, dejando a tu izquierda el desvío a Las Negras, cruzando los parajes mineros de Rodalquilar para, elevándote a la cordillera costera de Sierra de Gata, vislumbrar las aguas siempre azules del Mediterráneo desde el vértigo del Mirador de la Amatista y caer en picado a la costa para enfilar la carretera hacia La Isleta, adentrada en el mar en un tímido cabo a cuya entrada se anuncia lo que es una casa rural con restaurante que lleva por nombre Café La Loma y desde donde la vista del entorno litoral es muy sugestivo.

La Isleta posee una bonita playa en un recodo de su parte izquierda, seguida del puerto pesquero que se continuará sobrepasado el cerro que lo cierra y forma un estrecho canal con la pequeña isla que se encuentra a continuación. En la punta del entrante en el mar se extiende un espigón para las embarcaciones y se asoma sobre el mar la terraza de uno de los restaurantes de la Isleta. La vista es relajada y tranquila, salvo que el viento fuerte levante olas que azoten la costa. A unos cien metros, sobre una playa pedregosa y empinada, se extienden pequeñas embarcaciones pesqueras de las que faenan por estas aguas costeras y que ofrecen una singular estampa con los colores variopintos de sus cascos reposando al sol.

Ascendiendo a la parte más elevada del pueblo alcanzaremos un mirador y poco más adelante una pequeña explanada apropiada para aparcar de donde arranca la pista que nos conducirá hacia Los Escullos, a la vista sobre el litoral.

La senda no tiene pérdida y está bien señalizada. Discurre siguiendo la línea costera, con un par de entradas hacia el interior para salvar lo más agreste de las cárcavas abiertas sobre el acantilado por las riadas. En el último tramo alcanzamos la extensa playa de los Escullos. La vegetación se crece en retamas, palmitos, algún grupo de palmeras en una vaguada, piteras, esparraguera y espartos. A la entrada del pueblo y el final de la playa, la erosión ha esculpido los acantilados con formas caprichosas que invitan a la contemplación admirada y la fotografía. Continuando hacia el pueblo alcanzaremos el castillo, bien conservado, en el que suelen celebrarse eventos culturales; fue en este mismo castillo donde, hace varios años, pude disfrutar de una interesante representación del drama lorquiano Bodas de sangre”.

Un paseo de ida y vuelta, con comida en cualquiera de los restaurantes de los Escullos en la ida o en los de La Isleta del Moro en la vuelta. Sea como sea, la jornada resultará feliz.

González Alonso

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